Soy deudora

Lo confieso, sí. Es bueno desnudar el pecho de cuando en cuando: debo, y mucho. No siempre se tiene la fortuna de ser recordado de manera tan grata, motivo por el cual es justo agradecer, y sin demora alguna, cuando ello suceda. Soy deudora y he venido a pagar lo que corresponde, aunque con un poco de retraso (disculpas).

En primer lugar cumpliré mi compromiso con: https://josinynuri.wordpress.com, quien ha tenido la enorme gentileza de nominarme (el día miércoles 18 de marzo) al Premio BLACK WOLF BLOGGER AWARD . Me siento sumamente agradecida por ello. El blog mencionado es sin duda un espacio colmado de experiencias y recuerdos intensos, con pinceladas de un estilo muy propio y en el que abundan imágenes y sonidos de gran calidad.

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Deseo agradecer también a mi estimado compañero de letras: https://donovanrocester.wordpress.com, quien generosamente (el día sábado 4 de abril) me ha tenido en cuenta para el Premio DARDOS. Su blog es la perfecta combinación de talento, dedicación y minucioso trabajo, lo cual hace de él un ejemplo a seguir.

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A ellos mi más sincero agradecimiento. A ellos y a todos los que hacen posible que Loretta Maio siga en camino.

En cuanto a las nominaciones que me corresponden realizar, con vuestro permiso, las dejaré para una siguiente entrada. 

Un cordial abrazo para todos.

(Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en una tarde otoñal y siendo las 15:19 horas).

A veces…

A veces el destino o la vida o lo que quieras llamarlo, deja una puerta un poco abierta y te guiarán a través de ella. Pero a veces se cierra la puerta y tienes que encontrar la llave, o forzar la cerradura, o golpear la maldita cosa. Y a veces, ni siquiera se te mostrará la puerta, y tienes que construirla por ti mismo.

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El ROJO TIEMPO

Originalmente publicado en Loretta Maio:

Hierro.

El rojo tiempo
carcomió su estampa.
Juró jamás quebrarse,
mas la herrumbre
devoró su alma.

Desertó de sí
entregándose al estío,
a las lluvias,
al rocío,
al granizo;
al olvido…

Hierro.

El rojo tiempo
opacó impiadoso
su efigie hechicera
(no, ya no es lo que era).

Arrancó de sí
toda la primavera
y decidió partir,
quién sabe hacia dónde…

Hierro.

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Ver original

At five o’clock

La agitación de su pecho se hizo ardor en su estómago. Le dijo que llegaría a las cinco. Cuatro sombreros vio pasar. Detestó, hora y media después, los catorce centímetros de taco. El viento otoñal le sacudía la falda, la cabellera y la angustia; sin embargo, escogió permanecer anclada en la esquina del Museo Municipal. Las primeras luces de neón comenzaron a enarbolarse y el bullicio callejero cambió de tonada. Su blusa de tul bordado se encendió junto a los obstinados letreros, la cual debió cubrir ante el insistente y húmedo soplido nocturno. Ya casi no sentía sus pies y se preguntó, como todos se preguntan en algún momento de la vida, “¿qué estoy haciendo acá?”. Dijo que llegaría a las cinco, dijo que llevaría su sombrero de especial ocasión, dijo…

Una mano le aterrizó con precisión sobre su hombro derecho, justo cuando se retiraba con la nariz roja y el alma en llamas. Giró bruscamente ante el contacto, y empapó el aire con el aroma herviente de sus ojos café mientras contemplaba al hombre sin sombrero.

—¿Qué haces aquí? —inquirió él, confuso.

Dijiste que llegarías a las cinco…  —resopló ella. 

—Sí, a las cinco del domingo veintidós, mi dulce Louy, pero hoy es un exacto e insolente domingo quince. 

Y no pudo evitar exponer una sonrisa sin parecerse cruel.

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