En silenciosa conversación

Sobre la antigua mesa de madera desfilan nuevos y viejos pinceles que, en compañía  de pinturas acrílicas, no dejan de curiosear cada uno de mis movimientos. No compiten entre sí para llamar mi atención; mas bien se percibe entre ellos una cálida y meticulosa complicidad. No hay nadie más observándome, nadie escuchando mis pensamientos; no hay quien espante con su soplido los fantasmas de mi té caliente ni quien recoja el mechón de cabello que, intentando distraerme, cae sobre mi cara. Ni siquiera los pájaros han venido hoy a darme serenata. Sólo están aquellos que en respetuoso silencio sonríen y confían cuando dudo qué escoger: que si el escarlata o el carmín, que si el nuevo pincel de pelo blanco o el de mango largo y translúcido . Me conocen, saben que suelo hallar el equilibrio, la tonalidad más adecuada y los detalles más inadvertidos. Jamás interrumpen mi labor, no cuestionan, aunque a veces transgreden quebrando mi metódica rutina con gestos inesperados; y eso me gusta. Eso sí, no son para nada conversadores; tan sólo contemplan. De cuando en cuando me detengo, les echo una mirada y nada necesito decir; somos complementarios y juntos escribimos historias, día a día, sobre la vieja mesa de madera: trazos indefinidos, manchas y salpicaduras, derrames, explosiones…

Mientras me dejo seducir por la noche de luna creciente declaro mi retirada. Desnudo la vieja mesa y cubro nuestras historias con un mantel de lienzo blanco. Ellos descansarán, sus cerdas y pigmentos, hasta nuevo aviso. Y yo, ante el paisaje totalmente deshabitado, me hallo a mí misma con la absoluta satisfacción del deber bien cumplido. 

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PARAÍSO

Deberíamos juntarnos en aquel lugar un día de estos, cada quien con su instrumento, para gozar de buena música -quien no toca, canta- Eso sí, a mi déjenme bien al ras del suelo… (por favor y gracias) ;) Cuando era sólo una niña, imaginaba el mundo pero (el mundo) voló lejos de su alcance. Así […]

Desanúdame

Un nudo;

sí, un nudo. 

Rígido, grueso, acerado.

En la garganta,

en el pecho,

en la boca del estómago.

Mientras la tarde se va

                                         in

                                             cli

                                                 nan

                                                        do

                                      para cubrir a los mortales 

                                      en su lienzo aturquesado

                                      la luna se hace grande.

                                      Grande

                                      (como el nudo que me recuerda

                                     mi ausencia de ti).

 

¿Vendrás del norte trayéndote

junto al suspiro que te habita?

¡Cuánta luna habrá de poblarme

hasta que tu voz sea nítida!

 

Un nudo;

si, un nudo.

Como carbón encendido.

En los labios,

en el vientre,

en los muslos. 

Mientras la noche se va

                                            des

                                                  nu

                                                       dan

                                                              do

                                      para calmar a los humanos

                                      en su piel renegrida

                                      las estrellas van brotando. 

                                      Brotan

                                      (como la pena que me confiesa

                                      tu ausencia de mi).

 

Llegarás del norte trayéndote

junto al deseo que te anida.

Mucho sol habrá de besarme

mientras aguardo tu venida.

galiya20

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Entrevista a Marita Rodríguez-Cazaux por “Poesía Congregada”

Loretta Maio:

Una escritora y poeta de gran altura, luminosa, que enriquece a todo aquel que la lee, en una entrevista que no tiene desperdicio.

Originalmente publicado en Periódico Irreverentes:

Fernando Veglia

Marita Libro II

 “…la poesía parece provocarme, perseguirme, sin obedecer a razones de lógica o de ley; entonces, me manejo con cierta arbitrariedad, como con las pasiones, si me habita me dejo habitar.”

P.: ¿Cómo nace su relación con la poesía? ¿Cómo la desarrolla?

R.: Nace de la manera más temperamental, si se piensa en el justo significado del vocablo, innatamente, sin poder librarme de sentirla. Como una necesidad de “andarme” por sobre y debajo de ella. Diferente a la relación que mantengo con mis cuentos, la poesía parece provocarme, perseguirme, sin obedecer a razones de lógica o de ley; entonces, me manejo con cierta arbitrariedad, como con las pasiones, si me habita me dejo habitar.

P.: ¿Qué autores la influenciaron?

Por formación los grandes, y aquellos -bajo traducciones- que me tentaba leer como Lord Byron, Leopardi, Kavafis, Amy Lowell, Tagore, Valery, Pessoa, Bridges. Sin embargo, la que me influenció…

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OSADÍA

A tiempo y a destiempo. Es impiadoso el avance. Al frente llevo mis pies y no hay modo de recuperar pasos antiguos. Ni el estío ni el invierno serán como fueron, ni tampoco aquellos amores que duermen cobijados por el manto de la tierra y que hoy, sin remedio, dan voces en mi memoria. Cada soplo vital de los segundos que raudos se desvanecen son líneas escritas sin posibilidad de ser corregidas. Entonces, a tiempo y a destiempo, ¿cómo no habré de pretender la vida, la que es plena, la que se goza? ¡Aún hasta del quebranto arrancaré los frutos que, más tarde, me sabrán dulces! A tiempo y a destiempo, porque tengo la osadía de no conformarme con una simple existencia. Pretendo en mi ocaso no cerrar mis ojos sin decir: “Lo hice. La felicidad mi nombre pronunció”.

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